Desde que se creó ETA en al año 1959, hasta final de diciembre de 1975
(fecha en la que acababa de morir Franco), la banda terrorista asesinó a 45
personas pero, a partir de ahí las cifras se dispararon: 17 asesinatos en 1976,
10 en 1977, 66 en 1978, 76 en 1979 y 92 en 1980. Esta situación es la que llevó
a que varios militares intentasen un golpe de estado el 23 de febrero de 1981.
Yo, que lo viví en persona, recuerdo cómo una parte de la sociedad española,
encabezada por los representantes de los principales partidos políticos,
reaccionó en contra con el argumento de que no merecía la pena perder
libertades para proteger vidas humanas.
En 1791 Jeremy Bentham diseñó el Panóptico, que era una cárcel circular
en la que las celdas estaban en el perímetro y en el centro estaba la torre de
vigilancia. Todas las celdas eran acristaladas hacia el exterior y hacia el
interior (hacia la torre de vigilancia), mientras que esta torre tenía una
especie de celosías que hacían que no se viese desde fuera lo que ocurría en
ella. Las celdas estaban separadas una de otra por paredes. De esta forma se
conseguía en los presos sensación de vigilancia continua al no saber realmente
en cada momento si estaban siendo observados por el vigilante o no (además de
que sus propios compañeros reclusos también les podían ver constantemente y
delatarlos) y, con ello, se conseguía que tuvieran buen comportamiento. El
Panóptico nunca llegó a ser construido, en parte por las ideas de la Revolución
Francesa y en parte, posteriormente, porque los ingleses estaban más
preocupados por Napoleón que por reformar sus cárceles pero, hoy en día se
consideraría inhumano para los reclusos.
Pero ¿de verdad no existe actualmente el panóptico? La realidad es que
hoy en día nuestras carreteras se han convertido en un verdadero Panóptico en
el que el conductor es vigilado casi constantemente por cámaras, radares fijos, radares móviles,
helicópteros, etc.
La realidad es que, desde la llegada al poder de José Luis Rodríguez
Zapatero hasta nuestros días (el cambio de gobierno no ha supuesto cambio en
esto) se ha producido una pérdida de libertades paulatina pero enorme en todos
los que utilizan vehículos; se ha perseguido a quien corre, a quien bebe (no a
quien va borracho, que a ese ya se le perseguía), a quien se distrae, etc. y todo
ello se ha justificado utilizando el argumento de que supone salvar vidas
humanas, pero… ¿no quedamos en que no merecía la pena perder libertades para
proteger vidas humanas?
Hoy en día, cuando un conductor sale de viaje va excesivamente dedicado
a mirar el marcador de velocidad y le dedica más tiempo del que se utiliza para
programar el GPS o marcar un número de teléfono y... ¿eso no lo sabe la DGT?
La realidad es que la solución a nuestros problemas sería mucho más
sencilla que todo eso; bastaría con prohibir la fabricación y comercialización
en España de vehículos que superen los 120 Km/h y dotarlos de un alcoholímetro
que, superadas ciertas tasas de alcoholemia, bloqueasen el arranque del coche (esto,
por cierto, existe). Todo ello lo saben perfectamente nuestros políticos pero está
claro que sería una solución menos recaudatoria y no es momento de privar al
erario público de ciertos ingresos “extra” a costa de los sufridos ciudadanos.
Por cierto, para todo aquel a quien le quede duda, yo nunca supero la
velocidad permitida (salvo errores) ni bebo cuando he de conducir.
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