La
constitución española, en su artículo 3 establece que:
“1. El castellano es la lengua española oficial
del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a
usarla.
2. Las demás lenguas españolas serán también
oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus
Estatutos.
3. La riqueza de las distintas modalidades
lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial
respeto y protección.”
Por otra parte, el artículo
27 de la Constitución consagra los derechos en el ámbito educativo,
estableciendo una arquitectura básica de dicho sistema. Y es que la
Constitución consagra en derecho a la educación como un derecho importante,
porque el hombre con más cultura es más libre al conocer e interpretar más
correctamente mundo que le rodea que quien no la tiene y, por otra parte, la
educación es democracia pues sólo con educación se puede conseguir que la
democracia progrese y que lo haga de forma adecuada. En este sentido, afirma
Iglesias Bárez que “Todos
los Textos constitucionales se han afanado en diseñar la arquitectura básica
del sistema educativo del Estado. La razón principal de esta tarea
constitucional es que estamos en presencia de un derecho que aúna los conceptos
de libertad y democracia. La instrucción es un factor de libertad individual,
es más, el art. 27.2 CE recoge esta idea al consagrar como finalidad de la
educación el libre desarrollo de la personalidad. Pero la educación no agota su
sentido aquí, sino que en otro orden, la educación también sirve a la
democracia pues sólo el ciudadano instruido contribuirá al desarrollo y
funcionamiento correctos de la misma, o como entiende el art. 27.2 CE la
educación tiene como objetivo lograr la convivencia democrática” (IGLESIAS
BÁREZ, M. Régimen constitucional
Español. Teoría y práctica de la Constitución de 1978, Ed. Universidad de
Salamanca -Ciencias de la Seguridad-, Salamanca, 2006, pp. 339 - 340.).
Por su parte el artículo
20 CE reconoce la libertad de catedra que, para poder conciliarse con la
neutralidad, que es importante en la enseñanza pública, debe suponer que el
docente tiene el deber de no adoctrinar a sus alumnos. En este sentido, el
docente se convierte en un garante del no adoctrinamiento.
El problema que se ha
planteado en España con la cesión de las competencias en materia educativa a
las Comunidades Autónomas es que, en algunas de ellas, su idioma propio
cooficial de ha convertido de facto en el único idioma utilizado para la
educación. Esto ha creado un problema muy serio para los padres
castellanoparlantes en esas comunidades, pues no encuentran ningún modo de
escolarizar a sus hijos en su lengua materna. Buscar un colegio que eduque en
modelo A (en Castellano con asignatura de Lengua Vasca) en Vizcaya se ha convertido
en una auténtica epopeya, pues la gran mayoría de ellos utilizan el modelo B (mixto Euskera-Castellano), el C (en Euskera con
asignatura de Lengua Castellana), o han acudido al trilingüismo como solución
salomónica.
De ese modo muchos
alumnos han visto en la práctica restringido su derecho a la educación al verse
obligados a recibirla en un idioma que no es el propio, a pesar de encontrarse
en un lugar donde el Castellano es lengua oficial aunque el Vascuence también
lo sea.
Esta imposición
idiomática se ha convertido, además, en una forma de adoctrinamiento político
que, aunque lenta y paulatina, es también firme y decidida; y todo ello sin que
haya chocado en ningún modo con ese filtro anti-adoctrinador que debe ser la
libertad de cátedra.
Es por todo ello por lo
que el Tribunal Constitucional ha dado la razón en diversas sentencias a los
padres que deseaban que sus hijos fuesen escolarizados en Castellano.
Aunque he planteado el
problema desde el punto de vista de un ciudadano residente en la comunidad
autónoma vasca, supongo que esto podría actualmente extrapolarse a algunas otras comunidades con idioma propio como, por ejemplo, Cataluña.
Por todo lo expuesto
entiendo que cualquier actuación de un Gobierno orientada a recuperar el
derecho perdido a estudiar en Castellano es correcta, y no debe ser entendida
por los sectores nacionalistas como un ataque a su lengua, sino como la
universalización del derecho que ellos ya tienen a escolarizar a sus hijos en
su lengua materna (que no resultará desfavorecida a no ser que carezca de la
base social necesaria).
Uno de mis recuerdos de hace varios años cuando, por motivos laborales, residí durante casi un lustro en Cataluña (de la que, por cierto, guardo un recuerdo tremendamente entrañable) es un eslogan que decía algo así como "bilinguisme si, racisme no" (espero haberlo escrito correctamente). Ese eslogan marca claramente cómo debería ser la política lingüística en materia educativa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario